Durante el segundo día del taller con PIRO, los jóvenes pudieron dar un paso más en el proceso creativo, ya que se habían familiarizado con la técnica durante la sesión anterior. En esta ocasión, el trabajo se centró en una gran tela final de 6 metros de largo por 2 de ancho, que se colocó en el suelo para que todos pudieran situarse alrededor y participar de manera conjunta en la creación.
La primera parte de la sesión consistió en preparar la tela humedeciéndola completamente con ayuda de brochas grandes. Este momento fue importante no solo desde el punto de vista técnico, sino también como experiencia corporal y grupal. Debido al gran tamaño de la tela, a muchos participantes les imponía respeto o incluso cierto miedo pisarla para alcanzar la zona central. Sin embargo, poco a poco, y con el acompañamiento de Piro, fueron ganando seguridad y confianza, hasta atreverse a entrar en la superficie de trabajo sin temor y mojarla por completo.
Una vez preparada la tela, se repartieron vasos con la pintura que previamente se había preparado junto a ellos. Había una gran variedad de colores, y Piro los organizó por zonas para favorecer el intercambio y el uso compartido de los materiales. A medida que avanzaba la actividad, todos se mostraron muy concentrados y cada vez más seguros, pidiendo nuevos colores y explorando distintas posibilidades plásticas. Algunos se animaron a pintar desde el centro de la tela, mientras otros comenzaron desde los laterales, pero poco a poco fueron desplazándose e interviniendo en diferentes partes de la obra, convirtiendo el proceso en un verdadero trabajo colaborativo.
Tras el descanso, se dejó secar parcialmente la tela para continuar después con una segunda fase más detallista. En esta parte, utilizaron pinceles más finos para añadir nuevas capas de color, líneas, figuras y otros elementos más precisos, enriqueciendo así la composición final con una mayor variedad de gestos, ritmos y detalles.














