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Fundación Villacisneros

10 enero 2014

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“Los vuestros en el hoyo, los nuestros en casa”. No hay frase que plasme mejor la crueldad de lo que está pasando. Lo han dicho en la calle los que en un calentón se han saltado la consigna de sus jefes de no ensañarse con las víctimas para que el interesado engaño del reconocimiento del daño causado proporcione los réditos pretendidos.

“Los vuestros en el hoyo, los nuestros en casa”. No hay frase que plasme mejor la crueldad de lo que está pasando. Lo han dicho en la calle los que en un calentón se han saltado la consigna de sus jefes de no ensañarse con las víctimas para que el interesado engaño del reconocimiento del daño causado proporcione los réditos pretendidos. Así, para quien no se empeñe en no verla, la verdad queda desnuda en su miseria ante todos. No es necesario leer entrelineas los calculados comunicados que elaboran los terroristas para ir avanzando en su estrategia. Esa frase pronunciada desde las visceras del odio más profundo lo dice todo. Esa frase es la que nos pone frente a la gran falacia que se pretende construir para esconder la dura realidad de las oscuras concesiones y claudicaciones que unos exigen y otros otorgan con burdas artimañas para intentar disimular el descrédito de sus actos.

El descaro con el que los criminales marcan el camino al Gobierno sorprende y asusta pero asusta más la respuesta de quien debería tranquilizar a la sociedad española y muy en particular a las víctimas explicando alto y claro cual es su posición frente a las exigencias tan bien especificadas por Eta. ¿O acaso es al revés? La pretensión de que los criminales de Eta “se reinserten” utilizando leyes hechas a su medida es inadmisible y además es imposible porque todavía quedan muchos años para seguir investigando los cientos de asesinatos cometidos por Eta aún sin resolver -si, cientos- Y es muy posible que los ya excarcelados tengan que volver a ser juzgados cuando la diligencia de la Justicia vaya esclareciendo con su trabajo riguroso y libre del “polvo del camino” todos esos asesinatos cuya autoría aún no se conoce.

Y entonces, cuando esos críminales sean juzgados, se tendrán que establecer las condenas que contempla el nuevo Código Penal, los tan aireados cuarenta años y la prisión perpetua revisable a partir de los venticinco años ¿O no? ¿O tenemos que aceptar que es necesario que los terroristas sean de facto considerados presos políticos con un trato diferencial y privilegiado sobre el resto de los delincuentes? NOs dicen que no habrá indultos,  “excusatio non petita…” pero nada de las progresiones de grado ni de los acercamientos masivos que indefectiblemente se van a producir. Sería muy de desear que quién debe y puede calme el desasosiego que esta idea provoca e incluso la infundada desconfianza de muchos españoles ante una sucesión de  preocupantes planteamientos y hechos, pero no lo harán porque no pueden hacerlo. Inexplicablemente, han decidido seguir consolidando la cada vez mayor legitimidad social y política de Eta y otorgarle la impunidad que exige.

“Los vuestros en el hoyo y los nuestros en casa”. No cabe mayor vileza, ni mayor clarividencia. Este será el  tan buscado final de Eta. Ellos orgullosos y victoriosos. Nosotros anonadados ante nuestra soledad y con la convicción de que no se respetará el derecho a la Justicia de las víctimas. Mientras, las fuerzas que condenan el terrorismo -con su política de apacigüamiento- caen casi en la marginalidad en el País Vasco y crecen y se hacen fuertes los que la amparan y justifican. Buen punto y seguido para Eta, falso y peligroso final para España. ¿Estamos a tiempo de rectificar?

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