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Fundación Villacisneros

10 mayo 2016

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Hace décadas que la derecha entregó la educación a los nacionalismos, en la ridícula suposición de que podría vivir al margen de la peste ideológica

NO ha hecho falta esperar a que llegara al poder el Frente Popular. Cuando llegue -lo que vista la energía y convicción de sus adversarios será pronto- ya permitirá que cada región hasta ahora española se dedique a la fabulación de toda una nueva leyenda mágica como pasado propio. Y haga desaparecer los molestos rastros de la milenaria historia de la nación española. Pero de momento, sin tener el poder central, las fuerzas izquierdistas y separatistas no dejan de avanzar y conquistar posiciones fundamentales en la batalla de las ideas y en su ofensiva por consumar la reescritura falsificadora de la historia. Ahora han logrado otro paso capital: que las fuerzas que se pretendían defensoras de la Constitución, de la Nación española y su legado histórico abdiquen definitivamente de su compromiso en la lucha ideológica por las mentes y los corazones de las generaciones jóvenes. El Gobierno renuncia a todo intento de unificación de criterios y contenidos en la educación de los niños y jóvenes españoles. Y asiste al desacato generalizado de las autonomías en materia de educación con la misma pasividad que a la desobediencia sistemática y el desprecio al Estado de unas instituciones que su política -mejor dicho, su falta de política- y la complicidad socialista han dejado en manos de comunistas y ultras separatistas.

El presidente del Gobierno y su equipo abandonan, sin lucha, sin esfuerzo, con perfecta indiferencia, una tras otra, todas las plazas en las que debía ser defendido el proyecto nacional de reconstrucción y rehabilitación para una España fuerte, abierta y normalizada en el siglo XXI. Es la capitulación de toda idea nacional como una ofensa sistemática, más allá de su electorado, a una Nación que exigía y merecía ser defendida. Si esa abdicación ya la había hecho el PSOE, el PP ha cumplido esa máxima de que la derecha española emula lo peor de la izquierda, siempre con retraso. La única idea que defiende ya es la supervivencia, cueste lo que cueste, duela lo que duela, de su jefe Mariano Rajoy y quienes le rodean. Por eso tratan con desprecio a todos menos a los enemigos del Estado, a esos que deben cumplir la función de asustar lo suficiente a la maltratada clase media como para convencerla de votar, nariz tapada o vergüenza confesa, a lo que presentan como única alternativa al caos y a la destrucción de España. Tan creíble han querido hacer el fantasma de la destrucción que este está mucho más vivo que el propio Gobierno.

 

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