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Fundación Villacisneros

9 julio 2015

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Reproducimos la intervención de Ana Velasco Vidal-Abarca en el acto de entrega por parte del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de la medalla al Mérito Constitucional a Ana María Vidal-Abarca. El acto tuvo lugar el martes 7 de julio en el Palacio de la Moncloa.

Reproducimos la intervención de Ana Velasco Vidal-Abarca en el acto de entrega por parte del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de la medalla al Mérito Constitucional a Ana María Vidal-Abarca.

El acto tuvo lugar el martes 7 de julio en el Palacio de la Moncloa.

Sres. miembros del patronato de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Excelentísimas Autoridades, señoras y Sras, querida familia.

En nombre de mis hermanas, Begoña, Inés y Paloma, pero sobre todo y ante todo, en nombre de nuestra madre, Ana María Vidal-Abarca, agradecemos esta distinción que se le concede por su labor en favor de las víctimas del terrorismo, que no es más que la consecuencia de su compromiso inequívoco, constante y leal hacia España, hacia la justicia y hacia la libertad, valores supremos que ya en su preámbulo defiende la Constitución.

Nuestra madre, desde su condición de alavesa, de esposa de militar también alavés, asesinado por representar la misión constitucional de las Fuerzas Armadas de “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”, consideró su deber honrar la memoria de nuestro padre y la de todos los que como él han muerto defendiendo el fundamento de nuestra Constitución: “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.

Ella siempre fue consciente de lo que el terrorismo ha pretendido: destruir nuestra Nación. Y sabía que todas y cada una de las víctimas con las que el fanatismo separatista ha sembrado España de dolor durante tantos años son héroes que con sus vidas han protegido las de todos nosotros, nuestro marco de convivencia y nuestra libertad. Por eso se empeñó desde el principio, con denuedo y tesón, en conseguir lo que las víctimas merecían y siguen mereciendo: reconocimiento, protección y justicia con mayúsculas, sin mercadeos, sin dejaciones, con integridad, sin caminos polvorientos, con coherencia y con principios, sin vulnerar jamás las normas del Estado de Derecho, de la Constitución, que deben de regir, pase lo que pase, el comportamiento de todos.

En los últimos tiempos se decía “escéptica”, triste porque se hubiese tolerado la presencia institucional de partidos cuya ideología se sustenta en la justificación indisimulada de la maldad absoluta del terrorismo -por mucho que sus estatutos digan otra cosa- y en la voluntad de destrucción de “la Patria Común e indivisible de todos los españoles”; estaba inquieta por las opacidades y las cesiones, dolorida por las excarcelaciones -tras ridículos cumplimientos de condena- de los más atroces asesinos en serie y estaba preocupada por los casi 400 asesinatos cometidos por ETA aún sin resolver; le desazonaba el silencio, la promoción del olvido colectivo, la indiferencia, la dejación en la obligación moral de asentar con claridad ante la sociedad y para la historia, la verdad de la brutal persecución política padecida por los no nacionalistas en el País Vasco a través de su exterminio físico, de su expulsión geográfica o de su sometimiento ideológico.

Voy a leer unas palabras suyas manuscritas que demuestran su categoría humana ante los desengaños sufridos a lo largo de los años por comportamientos ajenos al espíritu de nuestra Constitución y por tantas vulneraciones de la Ley causadas por pura debilidad política y por falta de fe en la superioridad moral de la democracia española:

“Los años y la experiencia me han enseñado algo muy valioso: Puede parecer un contrasentido pero no lo es. En esta vida hay veces que aunque parezca que pierdes, ganas. Porque ganas siempre cuando eres buena persona, ganas siempre cuando procuras no hacer daño a nadie, ganas cuando defiendes la vida y la libertad. Ganas siempre cuando defiendes tus ideas con la palabra, razonablemente, sin descalificar y ganas cuando confías, aunque a veces te equivoques.”

Ella obró en conciencia, fue coherente, valiente e íntegra, jamás se traicionó a sí misma y siempre se preocupó más por los demás que por sí misma. Su labor en la Asociación de Víctimas del Terrorismo y después en la Fundación fue su forma de servir a España: honrando la memoria de las víctimas, tratando de procurarles la justicia que merecen y a la que jamás renunció y ayudando a sus familias. Quizás esa sea la razón de que hoy reciba este alto honor que nosotras sus hijas, en su nombre, tanto agradecemos.

Muchas gracias

 

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