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Fundación Villacisneros

4 junio 2014

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La Fundación Villacisneros ante la noticia de la abdicación de su Majestad el Rey Don Juan Carlos quiere manifestar su profundo agradecimiento a nuestro monarca por tantos años de servicio a España, la patria que en sus propias palabras siempre llevará en lo más profundo de su corazón. Desde la Fundación deseamos a su sucesor Felipe VI un reinado venturoso para él y para España y estamos seguros de que sabrá hacer frente con éxito a los graves desafíos que habrá de afrontar como Jefe del Estado. Con él, nuestra Monarquía Consitucional tendrá garantizada la continuidad fortaleciendo así nuestro regimen democrático y de libertades.

Desde la premisa de que Su Majestad el Rey abdica, pero la Corona permanece, es el momento de que España demuestre la solidez de sus instituciones y el sentido de la responsabilidad de su sociedad Don Felipe encarna la España democrática, moderna y preparada de las nuevas generaciones, a las que tantas veces se ha referido Don Juan Carlos

Libre y voluntariamente, como titular de la Corona, depositario de la legitimidad dinástica y Jefe de Estado, Don Juan Carlos I comunicó ayer al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, su abdicación después de 39 años de reinado. Su Majestad el Rey ha dado cuerpo de esta manera, tras una larga reflexión, a su comprensión del papel que ahora le corresponde a la Monarquía española. En su declaración institucional, Don Juan Carlos puso a España como la única directriz de su reinado y, ayer, de su abdicación, consciente de que ha llegado el momento de rendir a la patria el último servicio como Rey.

Su mensaje, además de patriotismo, encerraba una proclamación de regeneración nacional de la que nadie puede sentirse ajeno. Don Juan Carlos vinculó directamente su decisión con los anhelos de cambio, transformación y esperanza que la sociedad española está expresando con motivo de la crisis económica. No fue una despedida protocolaria la que ayer por la mañana protagonizó Don Juan Carlos, sino un nuevo y oportuno llamamiento a la Nación española para encarar el futuro con determinación, confiando en nuestros jóvenes y dándoles la oportunidad que reclaman. Don Juan Carlos, tras recordar emocionadamente la figura de su padre, el Conde de Barcelona, no quiso ahorrar expresiones de confianza y seguridad en Don Felipe de Borbón, a quien traspasa la inmensa responsabilidad de continuar la dinastía monárquica española, con los compromisos irrenunciables que le asigna la Constitución, especialmente el dar estabilidad a España.

Solo a Don Juan Carlos correspondía valorar la oportunidad de esta decisión, tomada en un periodo en el que había dado un impulso innegable a su actividad institucional, dentro y fuera de nuestras fronteras, que ha demostrado no solo la recuperación, notoria a todas luces, de su estado físico, sino también su voluntad de ejercer la alta magistratura del Estado con plena dedicación. Por eso, abdica cuando su imagen ya no es la de un Monarca quebrado por la salud ni vencido por los acontecimientos, sino la de un Rey que, atento a los designios del tiempo que está viviendo la Nación, a la existencia de una opinión pública mucho más exigente y al peso de los errores cometidos en el pasado, cede el testigo de una Corona revitalizada, con problemas, sin duda, como la incertidumbre sobre la imputación judicial de la Infanta Doña Cristina, pero plenamente identificada con su función constitucional de representar la unidad y la continuidad del Estado.

El debate sobre los costes políticos de esta abdicación no recae sobre Don Juan Carlos, sino en la capacidad de España y de los españoles de asimilar estos acontecimientos como una evolución natural de nuestra historia, y no como una oportunidad alevosa para desmontar el sistema político que, basado en la Constitución, disfrutamos desde 1978.

Por estas razones, desde la premisa de que Don Juan Carlos abdica, pero la Corona permanece, es el momento de que España demuestre la solidez de sus instituciones y el sentido de la responsabilidad de su sociedad. La Corona ha sido la garantía insustituible de la estabilidad de nuestro país. Ha asegurado una Jefatura de Estado por encima de partidismos y alternancias y ha dado a los españoles esa referencia que todo ciudadano precisa en momentos de confusión. Ahora, el Gobierno, que hoy se reunirá en un Consejo de Ministros extraordinario, deberá remitir al Parlamento la ley orgánica que prevé el artículo 57.5 de la Constitución para regular las renuncias y abdicaciones. Entretanto, Don Juan Carlos seguirá siendo Rey de España, hasta la proclamación del Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón. Nunca antes, salvo en el proceso constituyente de 1978 y el intento de golpe de Estado de 1981, las instituciones democráticas han tenido que afrontar un compromiso de tanta intensidad histórica. Es imprescindible que los grandes partidos nacionales sigan asumiendo estas horas con un renovado deber de lealtad a España, con patriotismo, facilitando a la Corona la confianza y el respaldo necesarios para evitar que oportunistas de todo signo aprovechen la decisión de Don Juan Carlos para provocar la confusión sobre la Jefatura del Estado. Don Juan Carlos lega esta responsabilidad al Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón, con la seguridad, compartida por los españoles, de que la Corona va a ser asumida con todas las garantías que hoy precisa España. Don Felipe encarna la España democrática, moderna y preparada que las nuevas generaciones, a las que tantas veces se refirió ayer Don Juan Carlos, quieren ver reflejada en las instituciones políticas. Por a actuación legislativa ha de ser rápida y sin contratiempos, rodeada de normalidad, porque la transición de Don Juan Carlos a Don Felipe debe registrarse históricamente como una sucesión ejemplar, propia de la Nación más antigua de Europa y de una democracia construida sobre la voluntad de los españoles de no volver a enfrentarse nunca más. En este contexto, el liderazgo de Mariano Rajoy se hace aún más necesario, porque a él le corresponde, como jefe de Gobierno y responsable de los refrendos a las decisiones del Rey, acompañar políticamente a la Corona en el traspaso de su titularidad a Don Felipe. El prestigio de la institución monárquica no solo se funda en el aprecio ciudadano por el Monarca, sino también en una acertada acción política del Gobierno de turno.

Rendimos en esta ocasión, más que nunca, homenaje y reconocimiento a Su Majestad el Rey, reafirmando en su persona y en la del Príncipe de Asturias nuestra adhesión a la Monarquía constitucional española, seña de identidad que este periódico nunca ha ocultado a lo largo de su historia centenaria, incluso cuando manifestarla implicaba ser víctima de la violencia sectaria o de la censura totalitaria. Ese siglo que ABC acumula en sus portadas nos hace más firmes si cabe en la defensa de la Monarquía parlamentaria como el mejor sistema de gobierno para una Nación que, bajo la Corona, lleva viviendo desde 1978 el más próspero período de paz de su historia.

 

 

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