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La fotografía  de Gregorio Ordóñez junto a Begoña Arredondo, representante de la ilegalizada HB en el parlamento vasco, abre el tercer foro del ciclo El compromiso con la libertad. Con Fernando Savater y Cristina Cuesta. Nacieron activistas, estoy segura de ello, por algún extraño proceso genético. Un hombre y una mujer comprometidos hasta la médula, con una fuerza vital que sólo ostentan los elegidos. Responden sin dudar: el mensaje de Gregorio desde la trinchera del Partido Popular contra ETA y su ejemplo para despertar en la sociedad vasca solidaridad con las víctimas y valentía para enfrentarse a ETA y sus cómplices tuvo un eco importante y marcó un cambio en el discurso del activismo; Cristina Cuesta recuerda como a escasas horas de producirse el atentado contra Gregorio una buena amiga y abogada, Gurutze Galpasoro, acudió a la sede de Denon Artean para decirle que debía iniciarse un cambio en la estrategia del grupo pacifista; pasar del silencio a otro tipo de acción; “habían matado parte de la libertad política de la sociedad vasca”. Entonces decidieron manifestarse frente a la sede de HB, algo insólito en aquellos años de plomo. Estábamos en el inicio de un cambio importante en los movimientos pacifistas contra el terrorismo en el País Vasco: por primera vez se pedían responsabilidades políticas.

 

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Fernando Savater asiente: responder o no frente a un atentado de ETA era –es- una cuestión cívica, no  una mera cuestión moral; el atentado contra Gregorio, un representante de ciudadanos, fue un acto directo a nuestra entidad como ciudadanos, ETA lanzaba un mensaje a toda la ciudadanía y había que responder. El asesinato de Gregorio Ordóñez cambió el rumbo del movimiento social contra ETA.

Savater es rotundo: una lengua que habla y no hace no es de fiar. Hemos nacido para actuar, nos dijo Montaigne y Cristina y Fernando son gente de fiar. Cristina movida desde luego por el atentado en marzo de 1982 que mató  a su padre. Pero empujada desde dentro, por esa sensación de impotencia, siempre pensando en defender a las víctimas, para frenar tanto odio, tanta crueldad, la impronta del terror calada hasta los huesos en las calles vascas. Siempre desde el respeto y la Ética, había escuchado a Fernando Savater, ¡qué buen  maestro y qué magnífica alumna!

Porque entre tanto amnésico, tanto ciudadano que no quiere enfrentarse al pasado, queda por disolver “el peso de un pasado sucio”.

Lo escribió Pilar Ruiz en una carta abierta a Patxi López, ¡qué solos estamos los que no hemos cerrado los ojos! A veces te quedas solo, otras incluso te sientes expulsado de tu propia tierra,  Cristina y Fernando han vivido años  con escolta en su propia ciudad y por defenderla de totalitarios,  preocupados por su familia y amigos. Es el precio de la libertad que tuvieron que pagar en el País Vasco los activistas que trajeron algo de dignidad a una sociedad  sin conciencia, una sociedad que pensaba aquello de que “no iba con ellos” y que justificaba los asesinatos.  Algo habrá hecho.

Las víctimas son inocentes, recuerda Savater. Y tanto Fernando como Cristina trabajan durante años para escribir un libro colectivo contra el silencio. Admiten que hoy aún no está terminado. Social y culturalmente, todavía hay silencios y tabúes. Queda mucho por contar, nos recuerdan, y por escribir.

Admite con cierta tristeza Fernando que el premio Sajarov que ¡Basta Ya! recibe en el año 2000 no les sería hoy concedido ni en Europa ni en este país. Qué lejos está el gobierno de Sánchez de defender los valores por los que sacrificaron sus vidas tantos inocentes en España, de quienes lucharon arriesgando su vida, con escolta, miles de ciudadanos vascos. Por la Constitución y contra el nacionalismo excluyente.

Aunque Cristina ve cambios, siente objetivos cumplidos y sigue trabajando contra la radicalización de los jóvenes y defendiendo el relato de los justos, sigue en nuestras gargantas un basta ya necesario, ese que solucione tantos asesinatos sin resolver, ese que escriban los historiadores, una basta ya por una justicia política y social. Tal vez se está fraguando un nuevo activismo que impulse la unión de las fuerzas políticas no nacionalistas en nuestro país. El cambio generacional será crucial.

 

Si todavía no has visto el video explicativo de la exposición “Gregorio Ordóñez: La vida posible” en el que Ana Iríbar, presidenta de la Fundación Gregorio Ordóñez, hace una visita guiada de la exposición, te dejamos aquí el acceso directo:

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