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Fundación Villacisneros

25 abril 2023

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La Fundación Villacisneros celebró el pasado lunes 24 de abril la tercera charla del ciclo ¿Nos importan las víctimas de ETA? En esta ocasión abordamos el significado de la “Dignidad”, otra de las demandas que, junto a la Memoria, la Verdad y la Justicia, configuran el conjunto de reclamaciones de las víctimas del terrorismo.

Nos acompañaron para desarrollar esta cuestión, Cristina Cuesta, Conchita Martín y Jaime Mateu. Cristina es hija de Enrique Cuesta, asesinado junto a su escolta el 26 de marzo de 1982 en San Sebastián por una escisión de ETA, los denominados Comandos Autónomos Anticapitalistas. Conchita Martín es viuda del Teniente Coronel Pedro Antonio Blanco, asesinado en Madrid el 21 de enero del año 2000. Su marido fue la primera víctima de ETA tras la tregua trampa de septiembre de 1998. Y por último Jaime Mateu, hijo del Magistrado del Tribunal Supremo José Francisco Mateu, asesinado por ETA en Madrid el 16 de noviembre de 1978 y hermano del teniente de la Guardia Civil Ignacio Mateu, asesinado en Arechabaleta el 26 de julio de 1986.

Los tres ponentes explicaron su manera de entender el significado de la palabra Dignidad. Un elemento común centró sus intervenciones, para ellos la dignidad es la manera de conducirse frente al terrorismo tras sufrir el zarpazo de la violencia. Decidieron que la entereza y la perseverancia serían la receta para combatir el odio de un terrorismo nacionalista que asesinó a sus familiares por su significación política. Como afirmó Conchita Martín “nuestros familiares no fallecieron en un accidente de tráfico”. Fueron asesinados por encarnar al Estado y a sus servidores, ya fueron estos, policías, militares, guardias civiles o miembros de la judicatura.

Los tres ponentes destacaron como otra seña de identidad de la dignidad, su confianza en el Estado de Derecho y la necesidad de que se haga justicia para cerrar adecuadamente su duelo. Relataron el modo en que afrontaron los juicios, en el caso de Cristina Cuesta 28 años después del asesinato de su padre, y su comportamiento durante los mismos. La serenidad de la que tuvieron que armarse frente al odio y la burla de los asesinos y sus familiares y muchas veces también ante la frialdad y falta de empatía de los jueces y magistrados.

En definitiva, la charla se convirtió en una lección de tres personas que, pese a haber sido atacadas de manera despiadada, supieron tragarse las lágrimas para que nadie les vieran llorar en público, como homenaje a la dignidad de sus seres queridos. Tres personas que, después de una experiencia traumática, decidieron afrontar el futuro con la voluntad de perseverar en la denuncia de los crímenes cometidos y hacerlo, además de dando testimonio en los centros educativos, confiando en la fortaleza del Estado de derecho reclamando Justicia como bastión al que aferrarse para honrar la Memoria de sus familiares asesinados por la violencia terrorista. 

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