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La historia se repite. Cuando hay una persona excepcional que hace cosas históricas por su gran condición humana, el final de ese inicio nunca se parece al comienzo. Ana María, nosotros queremos fijarnos en ti. Has sido un ejemplo de dignidad, de lucha, de humildad, nunca te estaremos suficientemente agradecidos, pero sí queremos devolverte ese gran favor que nos hiciste ya hace muchos años, y lo queremos hacer como sabemos que a ti te gustaría: con el trabajo incansable por la memoria, dignidad y justicia de los que ya no están con nosotros, y al que hasta hace unos días nos animabas tú misma.

La historia se repite. Cuando hay una persona excepcional que hace cosas históricas por su gran condición humana, el final de ese inicio nunca se parece al comienzo. Ana María, nosotros queremos fijarnos en ti. Has sido un ejemplo de dignidad, de lucha, de humildad, nunca te estaremos suficientemente agradecidos, pero sí queremos devolverte ese gran favor que nos hiciste ya hace muchos años, y lo queremos hacer como sabemos que a ti te gustaría: con el trabajo incansable por la memoria, dignidad y justicia de los que ya no están con nosotros, y al que hasta hace unos días nos animabas tú misma.

Yo no viví esos comienzos tuyos, en esas circunstancias tan duras, cuando morir asesinado por ETA ni siquiera era noticia, cuando morir asesinado por ETA no merecía ni la mínima atención por los representantes de nuestras instituciones, cuando las familias más privilegiadas tuvieron la Iglesia casi llena, y la mayoría la tenían casi vacía. Cuando el recuerdo era tan efímero que duraba el día del entierro.

Esos “años de plomo” no pueden compararse con ninguna época vivida en España después. No hay nada igual a esos “años de plomo”, hoy nadie conoce un solo nombre de alguien que fuera asesinado esos años. Por eso me ha dolido el tener que leer algún desafortunado artículo en el que lo que se narraba en él se comparaba con esos años, cuando nada tenía que ver.

En esas circunstancias y tan solo un año después de que te arrebataran a Jesús, empezaste a construir Historia, la que han querido ocultar y siguen queriendo ocultar los que han ostentado el poder en nuestro país. Hoy en nuestra querida tierra, además, se trabaja con mucho ahínco para tergiversar la historia que tú has vivido en primera persona como tantos miles, para blanquearla, y así vivir el presente como si ETA nunca hubiese existido. He de reconocer que para la sociedad vasca, acostumbrada a ser complaciente con nuestro dolor o a mirar hacia otro lado, es mucho más cómodo para sus conciencias.

Hoy, incluso, algunos hasta vienen encantados y agradecidos a nuestra tierra desde otros puntos de la geografía española cuando son invitados al “maravilloso País Vasco”, sin conocer lo que hoy está pasando. El sábado, sin ir más lejos, en la localidad de Oñati fuimos testigos de cómo la cultura del odio sigue intacta en ese “maravilloso Pais Vasco”.

Ana María, nos has trazado un camino, te has crecido ante las dificultades, nos has dejado el listón muy alto. Y no queremos defraudarte, sabemos que te unes a todos esos amigos comunes que desde el otro lado nos guían y ayudan. Os escuchamos y os seguiremos escuchando para seguir a pies juntillas lo que queráis que sigamos haciendo.

Tu ejemplo, tu esfuerzo y tu trabajo no han caído en saco roto. Otros habrán pervertido tu legado, pero nosotros lo defenderemos y seguiremos, porque sabemos que las nuevas generaciones necesitan que les contemos lo que ha ocurrido en este país en la historia mas reciente, y que se lo contaremos con ánimo constructivo, para que como tú nos has enseñado, las nuevas generaciones se den cuenta de que tú evitaste el enfrentamiento, de que tú evitaste el odio, de que tú construiste la paz; no la paz de los cementerios, sino la construida con la memoria, la dignidad y la Justicia, esa Justicia que te han negado y por la que nosotros pelearemos.

Gracias, Ana María, por existir, por ser como has sido, por regalarnos tu ejemplo. Solo nos queda seguir trabajando como tú quieres que lo hagamos.

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