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Fundación Villacisneros

23 febrero 2015

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Ése es el título de un libro, escrito por un muy joven periodista -26 años-, Juanfer F. Calderín, que acaba de publicar Ikusager Ediciones con el significativo subtítulo 'más de 300 asesinatos de ETA sin resolver'. Porque de eso es de lo que tratan las 383 apretadas páginas del libro, llenas de datos y de informaciones que no pueden dejar indiferente a ningún lector. Empecemos por la principal información que nos aporta este libro imprescindible: a lo largo de su historia los terroristas de ETA han asesinado a 858 personas.

Ése es el título de un libro, escrito por un muy joven periodista -26 años-, Juanfer F. Calderín, que acaba de publicar Ikusager Ediciones con el significativo subtítulo ‘más de 300 asesinatos de ETA sin resolver’. Porque de eso es de lo que tratan las 383 apretadas páginas del libro, llenas de datos y de informaciones que no pueden dejar indiferente a ningún lector. Empecemos por la principal información que nos aporta este libro imprescindible: a lo largo de su historia los terroristas de ETA han asesinado a 858 personas. Pues bien, todavía hay 314 asesinatos -cometidos ya después de la generosa amnistía de 1977- por los que no se ha condenado a nadie. Y en 134 asesinatos de estos 314, la responsabilidad ya ha prescrito.

Estos datos nos enseñan que, por ahora, más del 36% de los asesinatos de ETA han quedado impunes. Lo que significa, por supuesto y en primer lugar, un incorrecto y defectuoso funcionamiento de nuestro Estado de Derecho. Pero además, significa que los familiares, los amigos y todos los que querían a esos 314 asesinados ni siquiera han tenido la satisfacción de saber que los criminales que les arrebataron a sus seres más queridos han sido identificados, detenidos, juzgados y condenados.

Si a estos 314 asesinatos sin resolver se juntan 66 que la Ley de Amnistía del 14 de octubre de 1977 decidió eso, olvidar (amnistía significa olvido) sin siquiera juzgar, tenemos la impresionante cifra de 380 seres humanos asesinados en España sin que sus asesinos hayan sido ni siquiera identificados. Y, como va a mostrar el libro, esto se ha producido no porque los etarras hayan demostrado una especial habilidad para asesinar sin dejar huellas. Todo lo contrario, los etarras han actuado con mucha frecuencia con enorme torpeza, incluso ha habido veces en las que, motu proprio, se han llegado a declarar autores de asesinatos de los que no eran sospechosos. De forma que las fuerzas policiales han podido localizarles y detenerles.

Este libro lo que viene a demostrar con una exhaustiva documentación es que, si se han quedado sin castigo, se debe, en gran medida, a una sucesión de negligencias, errores y deslices policiales y judiciales. La investigación de Calderín ha encontrado demasiados sumarios archivados de forma prematura. Como también pone en evidencia el caos judicial en materia de competencias que siguió a la creación de la Audiencia Nacional en enero de 1977, y del que se aprovecharon los etarras.

Pero no han sido sólo los errores judiciales los que han hecho posible ese «agujero» en el Estado de Derecho que constituyen los cientos de asesinatos sin resolver. También ha habido responsabilidades políticas de los gobiernos que, sobre todo en los años de plomo, dudaron de que la Ley, sólo la Ley pero, eso sí, toda la Ley, fuera la única vía para acabar con el terrorismo.

Y tampoco hay que olvidar la poca colaboración internacional que España ha recibido en algunos momentos de estos casi cincuenta años de lucha contra ETA. Esta falta de colaboración tiene hoy en la Venezuela bolivariana su expresión más indignante con De Juana Chaos viviendo allí tan tranquilo. Resulta muy significativo que Martín Garitano, presidente de la Diputación de Guipúzcoa y señalado representante de Sortu (que sólo es otro nombre del entramado etarra), corriera a Caracas a participar en las exequias del presidente Chávez en marzo de 2013.

Como dice, con palabras que constituyen una denuncia, Ana María Vidal-Abarca en el epílogo del libro: «Al terminar de leer Agujeros del sistema, es imposible no sentir impotencia, desazón, desesperanza, porque este libro es un exhaustivo informe que nos pone ante una realidad desoladora e irrebatible, ante la evidencia de que desde los primeros años de persecución judicial del terrorismo hasta hoy, son centenares las negligencias y malas praxis que se han cometido y que han conducido en muchísimos casos a la prescripción de los delitos y en otros a que ni siquiera hayan sido encausados los autores de los mismos, hasta el punto de que aproximadamente 400 asesinatos cometidos por ETA se encuentran sin resolver y en otros muchos se ha condenado únicamente a algunos de los que intervinieron, no a todos, ya que casi siempre han quedado impunes los autores intelectuales, los que planificaban los atentados, a quienes prácticamente hasta hace muy poco ni siquiera se les tomaba en consideración en el plano judicial». A todas las evidentes razones que aconsejan la lectura de este libro, me gustaría añadir el hecho de que fuera presentado por cuatro extraordinarias mujeres: Consuelo Ordóñez, María San Gil, Maite Pagazaurtundua y la ya citada Ana María Vidal-Abarca, cada una de las cuales es un ejemplo de las más altas virtudes cívicas, que tan importante sería que estuvieran mucho más presentes en nuestra vida política y social.

 

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